Los mexicanos también tenemos talento donde no muchos lo ven, y más si es talento joven donde puede pasar desapercibido, en este caso 5 estudiantes en ingeniería mecánica Kelmi Torres, Arlin Acosta, Ivette Luviano, Emilio de la Torre y Daniel Ordaz, estudiantes de la Escuela Superior de Ingeniería Mecánica y Eléctrica (ESIME) del Instituto Politécnico Nacional (IPN). Usaron este proyecto como forma de titulación donde el resultado les ha garantizado su próximo título de Ingenieros.

 

Los jóvenes ingenieros se inspiraron en la gran cantidad de vehículos chatarra que hay en México y de la contaminación del aire que producen los autos de combustión interna para dar vida a este Vocho eléctrico, que según ellos, tendría un costo aproximado de 140 mil pesos en el mercado. Un precio accesible para nosotros los mexicanos.

 

A este vehículo se le extrajeron la mayoría de sus partes para ser reemplazadas por un motor eléctrico que desarrolla 15 caballos de fuerza, con lo que alcanza una velocidad máxima de 70 km/h y tiene una autonomía de 45 kilómetros. Por sus cifras, es evidente que este prototipo está enfocado por completo al uso urbano, pero prometedor para un mayor rendimiento.

     

El motor es alimentado por un paquete de seis baterías de ácido de plomo. Para ser recargado, el auto eléctrico puede ser enchufado a cualquier toma de corriente casera, a diferencia de los otros coches eléctricos que hay actualmente en el mercado mexicano. No se detalló el tiempo necesario para la carga completa de las baterías. Sin embargo por el tipo de baterías que usan, necesita entre 6 y 10 horas para lograr su carga.

 

Dada la baja potencia del motor, los estudiantes tuvieron que reemplazar la carrocería del Vocho por una fabricada en fibra de vidrio. Así, la carrocería del prototipo pesa apenas 120 kilogramos, lo que le facilita la vida al motor. Sin embargo con el desarrollo del motor, este auto podrá acoplar una cubierta del mismo tipo que otros autos.

  Este auto no está listo para el mercado mexicano  

La idea, de entrada, es muy buena, pero aquí entran en juego dos factores que no son para nada sencillos ni para los estudiantes ni para fabricantes como BMW y esto es: la seguridad y el mantenimiento. Es cierto que los autos eléctricos “de marca” son extremadamente costosos, pero en el precio van incluidas las horas que pasó en laboratorios para asegurar que no se incendie y que aun así, llega a suceder y que la estructura se mantenga rígida en caso de choque. Que la carrocería del prototipo de los estudiantes del IPN pesa 120 kilos es muy buena noticia, ¿Pero qué tan seguro es?

   

En segundo lugar, el mantenimiento. Al tratarse de autos eléctricos, el mantenimiento es considerablemente más bajo que uno de combustión interna; al haber menos piezas mecánicas en movimiento, hay menos elementos que podrían estropearse. Aquí la diferencia la hacen las baterías, que en el caso del prototipo de los estudiantes del IPN, deben ser reemplazadas cada tres años, mientras que en modelos como el Nissan LEAF pueden recorrer hasta 150,000 kilómetros y perder sólo el 8% de su capacidad.

 

Naturalmente, no podemos juzgar al Vocho eléctrico que crearon comparándolo a los modelos actuales como el Spark EV, a un Nissan LEAF o a un BMW i3. El esfuerzo de estos estudiantes es muy bueno, y la idea no es para nada descabellada. Si como proyecto de titulación resulta interesante, continuar por este camino podría abrir una nueva vereda en el mundo de los autos eléctricos y sobre todo aquí en México. ¿Para qué desarrollar uno nuevo si se puede utilizar uno ya existente y sólo modificarle las entrañas? Quizá se sacrifique eficiencia, calidad y equipamiento, pero en un futuro se ganaría un coche eléctrico alcanzable para la mayoría de los bolsillos mexicanos. En cualquiera de los casos, este proyecto no es suficiente maduro para condiciones actuales por su poco desarrollo, pero aún así se aprecia mucho el esfuerzo de estos muchachos.

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